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“Ojalá te enamores”. Así reza una maldición árabe. O gitana. No sé bien. Lo cierto es que su origen es tan incierto como el del sujeto que, de pronto –y de la nada-, irrumpe en nuestra vida para desestabilizarla. “Ojalá te enamores”. Con toda la fuerza. La peor maldición. Más que un buen deseo, una sentencia mortal. El enamoramiento es un estado de desquicio. De idiotez absoluta. De descontrol de las funciones más elementales de la cotidianeidad. Nos volvemos estúpidos, no reflexionamos ni entramos en razones. Nos volvemos tontos. Dependientes. Perdemos los reflejos. Los síntomas son claros y espantosos. Y se manifiestan ante la sociedad cuando logramos mascullar la frase letal: “estoy enamorado”. Hay maneras de evitar que la enfermedad se vuelva irreversible. Una de ellas es estar alerta ante los siguientes síntomas: - Comenzamos a idealizar. Él se transforma en Dios. El ...
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