"No me gusta... Ehmmm... No me gusta que mientas. En este momento, no me gusta que mientas. Disculpame, pero no está bien. Yo lo digo por el lugar en el que me ponés y no me gusta el lugar en el que me ponés. No me parece correcto; no me parece justo... ¿Y vos por qué te defendés? No es ella, no. No es ella sola; vos también le das de comer. ¿Por qué?¿Qué tiene de malo? Soy un compañero de trabajo. Te vengo a visitar, te vengo a ayudar porque estás enfermo. Te traje remedios, te hago un té, te cuido. ¿Qué tiene de malo?¿Por qué hay que mentir? ¿Por qué tenés que mentir? Yo entiendo que estás enfermo... Yo entiendo que no te sentís bien, o que estás un poco así, los remedios y todo eso, pero, ¿reírte de la manera en que te reís? Como si yo fuese una putita que tiene que escuchar tu charla con tu señora, mientras te...? Mira, no me hagas decir lo que... lo que no quiero decir. Pero no está bien (...) ¡Ya sé que no te das cuenta, Pedro, yo sé que no te das cuenta! No te das cuenta de nada; viniste a las cinco de la madrugada, todo mojado a mi casa, ¿para qué? ¿Para ver si estaba? ESTOY. Acá también estoy... Yo soy una persona grande; yo he vivido mucho. A mi no me vas a dañar así nomás... Pero agarrás a un pichi y lo destrozás.Y eso no está bien, tené cuidado. Y para que sepas: yo no vine para cuidarte, vine porque me interesas.Y para que sepas, te voy a hacer otro té"
“Ojalá te enamores”. Así reza una maldición árabe. O gitana. No sé bien. Lo cierto es que su origen es tan incierto como el del sujeto que, de pronto –y de la nada-, irrumpe en nuestra vida para desestabilizarla. “Ojalá te enamores”. Con toda la fuerza. La peor maldición. Más que un buen deseo, una sentencia mortal. El enamoramiento es un estado de desquicio. De idiotez absoluta. De descontrol de las funciones más elementales de la cotidianeidad. Nos volvemos estúpidos, no reflexionamos ni entramos en razones. Nos volvemos tontos. Dependientes. Perdemos los reflejos. Los síntomas son claros y espantosos. Y se manifiestan ante la sociedad cuando logramos mascullar la frase letal: “estoy enamorado”. Hay maneras de evitar que la enfermedad se vuelva irreversible. Una de ellas es estar alerta ante los siguientes síntomas: - Comenzamos a idealizar. Él se transforma en Dios. El ...
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