Que los cumplas feliz, que los cumplas fe… Es… ¿mañana? Fue… ¿ayer? Mmm... Veo que no hay respuesta. Es jodido. Mis viejos me enseñaron cuando era nada más que un pequeño niño que si no sabía una cosa, tenía que preguntar, sin tener que avergonzarme. Bueno... No sé, contame cuándo fue. Llevo días dándole vueltas, como dos semanas, creéme. Si te lo preguntaba mal. Si no te lo preguntaba… mal, ya ves. No quise llamar a los chicos para que no pensaran que… para que no creyeran que había olvi… ¿Sabes qué llegué a hacer, bolos? Me abrí una cuenta en Facebook –sí, en Facebook, yo-… porque sabía que en Facebook te avisan de los aniversarios y todo eso, pero no… No pude entrar en tu cuenta porque para entrar en una cuenta tienen que… agregarte (¿se dice "agregarte" o "aceptarte"?) Tienen que… aceptarte como amigo, bueno, tú lo sabrás mejor que yo… Y mi cuenta era anónima… Creo que le di a la tecla de preguntar si querías ser mi amigo y creo que me ignoraste o me dijiste que no, yo qué sé -igual, pienso que al haber hecho eso, hiciste muy bien-… Y yo no insistí, para nada; no te dije que era yo porque no quería que supieras que estaba intentando adivinar, recordar el día de tu… de tu nada... porque me pareció ridículo eso de preguntarte si querías ser mi amigo. Sería como volver a empezar. Qué tonto, verdad. ¿No? ¿Hola?
“Ojalá te enamores”. Así reza una maldición árabe. O gitana. No sé bien. Lo cierto es que su origen es tan incierto como el del sujeto que, de pronto –y de la nada-, irrumpe en nuestra vida para desestabilizarla. “Ojalá te enamores”. Con toda la fuerza. La peor maldición. Más que un buen deseo, una sentencia mortal. El enamoramiento es un estado de desquicio. De idiotez absoluta. De descontrol de las funciones más elementales de la cotidianeidad. Nos volvemos estúpidos, no reflexionamos ni entramos en razones. Nos volvemos tontos. Dependientes. Perdemos los reflejos. Los síntomas son claros y espantosos. Y se manifiestan ante la sociedad cuando logramos mascullar la frase letal: “estoy enamorado”. Hay maneras de evitar que la enfermedad se vuelva irreversible. Una de ellas es estar alerta ante los siguientes síntomas: - Comenzamos a idealizar. Él se transforma en Dios. El ...
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